En una noche memorable en el Stern Auditorium / Perelman Stage del Carnegie Hall, el pianista húngaro Ádám György ofreció una actuación que fue simplemente sublime. El programa fue un viaje cuidadosamente seleccionado a través de clásicos de Bach, Chopin y Liszt, mostrando el dominio técnico y la profunda sensibilidad musical de György.
El concierto comenzó con dos queridas adaptaciones de obras de J.S. Bach. La interpretación de “Jesús, alegría de los hombres”, arreglada por Myra Hess, fue una entrada elegante al repertorio de la noche. Su toque fue delicado pero seguro, capturando la belleza serena de la pieza. Le siguió “Las ovejas pueden pacer seguras” de la Cantata No. 208, arreglada por Egon Petri, donde György destacó la tranquilidad pastoral de la composición, permitiendo al público disfrutar de sus melodías apacibles.
Al pasar a Chopin, György interpretó el Nocturno en Do menor, Op. 48, No. 1, donde brilló su profundidad interpretativa. Los temas melancólicos del nocturno fueron expresados con una emoción sentida, cada frase cuidadosamente moldeada. La Ballada No. 1 en Sol menor fue uno de los puntos culminantes de la noche. György navegó por su compleja estructura con facilidad, equilibrando hábilmente sus pasajes líricos y sus clímax dramáticos. Cerrando el set de Chopin, el Scherzo No. 2 en Si bemol menor fue ejecutado con una combinación de virtuosismo y matices poéticos que dejó al público asombrado.
La segunda mitad del programa estuvo dedicada a Liszt, un compositor con quien György está íntimamente asociado. La Paráfrasis de Concierto de “Rigoletto” mostró su habilidad para fusionar el drama operístico con el brillo pianístico. En “La Campanella” de los Grandes Estudios de Paganini, la agilidad y precisión de György fueron evidentes, ejecutando con facilidad los pasajes notoriamente difíciles. El concierto concluyó con la “Marcha Nupcial y Danza de las Hadas” de El sueño de una noche de verano, arreglada por Vladimir Horowitz, donde György honró la intrincada transcripción de Horowitz con una actuación tanto resplandeciente como majestuosa.
La profunda conexión de Ádám György con sus raíces húngaras y su papel como embajador de Liszt fueron evidentes durante toda la noche. Sus interpretaciones no fueron meras ejecuciones, sino diálogos con los compositores, brindando nuevas perspectivas sobre obras bien conocidas. La presencia en el escenario de György es tanto cautivadora como sencilla, ganándose el cariño de un público diverso, desde aficionados clásicos hasta nuevos oyentes.
Conocido por su alcance global, incluido un destacado desempeño en la ceremonia de apertura de la UEFA EURO 2012, György sigue cerrando la brecha entre la música clásica y el público contemporáneo. Su capacidad para infundir un sentido moderno al repertorio tradicional hace que sus conciertos sean una experiencia única.
La velada en el Carnegie Hall reafirmó el lugar de Ádám György entre los pianistas líderes de su generación. Su maestría técnica está a la par con su profundidad interpretativa, resultando en actuaciones tanto intelectualmente satisfactorias como emocionalmente conmovedoras. Para quienes asistieron, fue una noche de excelencia musical que permanecerá en la memoria durante años.
