Hay novelas que cuentan una historia y otras que abren un espacio de pensamiento. NOSTOS, la nueva obra del novelista y ensayista Rubén Alfonso Jr., pertenece a esta segunda estirpe: libros que no se limitan a narrar un suceso, sino que invitan al lector a recorrer los corredores de una mente. En su centro está Bernardo, un hombre que escribe cuadernos durante su encierro en prisión. Esos cuadernos son hallados por un escritor que decide transcribirlos, gesto que inaugura una lectura que poco a poco deja de ser inocente. Porque leer, en esta novela, es entrar. Y una vez dentro, la distancia entre quien escribe y quien lee comienza a desvanecerse.
Desde su premisa, NOSTOS plantea un juego de espejos. Los fragmentos del diario de Bernardo no son simplemente un registro del tiempo en cautiverio, sino el mapa de una conciencia que se observa a sí misma. Cada página es una grieta por donde se filtran la memoria, la culpa, las reconstrucciones de una vida que ya no puede tocarse desde afuera. Pero a medida que el transcriptor avanza en su tarea —leer, copiar, ordenar— algo empieza a desplazarse: la voz que parecía ajena comienza a resonar demasiado cerca.
La novela se construye a partir de fragmentos, reflexiones y breves irrupciones narrativas que dibujan una geografía interior. No hay aquí una trama convencional que avance con la lógica del acontecimiento; lo que se despliega es el movimiento del pensamiento cuando el mundo exterior ha sido reducido a casi nada. El encierro físico de Bernardo se convierte así en metáfora de un encierro más radical: el de la conciencia confrontada con su propia memoria.
En esa reducción del mundo al espacio de la mente aparece una pregunta que recorre toda la obra: ¿qué queda de un hombre cuando solo le queda pensar? NOSTOS parece sugerir que la identidad no es una estructura firme, sino una materia inestable hecha de recuerdos, culpas, asociaciones y silencios. Los cuadernos de Bernardo funcionan entonces como un laboratorio donde el yo se examina, se contradice, se desdobla.
El título de la novela, cargado de resonancias clásicas, introduce otra capa de lectura. En la tradición griega, el “nostos” era el regreso del héroe a su hogar tras la guerra o el viaje. Aquí, sin embargo, el regreso no es geográfico sino interior. El viaje ocurre hacia dentro: hacia la memoria, hacia la conciencia, hacia ese territorio donde el pasado se reescribe constantemente.
Rubén Alfonso Jr., conocido también por sus novelas Codicia y El zorro y los sabuesos, cultiva en NOSTOS una escritura contenida, reflexiva, que privilegia la densidad del pensamiento por encima del gesto espectacular. Su experiencia como ensayista —visible en sus textos sobre literatura y cultura publicados en Mediarueda.blog— se filtra en la textura de la novela, que avanza con la cadencia de una meditación.
Leer NOSTOS es entrar en una habitación silenciosa donde cada frase parece examinar algo que todavía no termina de comprenderse. No es una novela que busque resolver el misterio de sus personajes; más bien lo amplifica. En sus páginas, la escritura aparece como una forma de resistencia contra la disolución del yo, pero también como una fuerza capaz de alterar a quien la recibe.
En ese territorio incierto —entre memoria, culpa y pensamiento— NOSTOS encuentra su verdadero viaje, y tal vez, su verdadero regreso.

